Alzhéimer

Los venezolanos viven momentos de angustia las 24 horas redondeadas del
día. Las flechas sin dirección se escurren con tal sobresalto que no se logra
detectar su lugar de origen. El objetivo se diseminó para dar paso a la
aventura. Las expectativas en el seno de la alternativa democrática, se
transforman en elucubraciones y estás en llanto, risa, rabia, malestar, dolor y
desorientación. Se acumulan falsas promesas para fortalecer lo banal. El
debate se centra en la forma, y se desprecia el fondo, abrigando discusiones
inútiles entre “lo mío es lo que sirve, lo suyo es entrega, colaboracionismo,
disfraz”. La incertidumbre hace de las suyas en la memoria del ciudadano,
vulnerándose la credibilidad de los dirigentes políticos y sus organizaciones
partidistas, y con ello cualquier intento de salida política a la crisis generalizada,
desde el acuerdo. La polarización política estremece el escenario, y después
de aparecida es difícil erradicarla, y allí se afianza la anti política para nadar en
aguas turbulentas.
En el seno de la Asamblea Nacional (AN) se avanza con el nombramiento del
comité de postulaciones para el nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE), y por
arte de magia aparecen los destructores con batería de descrédito a esa
posibilidad. “No se puede aceptar que sean ellos quienes nombren ese órgano
electoral, tienen que ser otros”. Son los mismos que años atrás decían que el
“voto debía ser automatizado porque el voto manual servía para el fraude”.
Ahora que es automatizado apuestan a favor del mantenimiento de la
desgracia. Así lo hicieron con las parlamentarias del 2005, y siguen con el
mismo discurso. Al final apuestan a que la era de la participación ciudadana
termine, para hacerse del poder por la vía de la dedocracia. Pretenden imponer
una sonrisa, encuesta y listo, suficiente para hacer lo que le parezca. Juegan al
nosotros o ellos, no diferencian ni valoran la pluralidad, el reconocimiento. Se
suman con el verbo para llamar al igual que los revolucionarios siglo XXI a los
oponentes como enemigos. Retan a la radicalización para mantenerse en el
escenario.
Los dirigentes políticos están obligados a tomar decisiones a favor de los
ciudadanos. Las Leyes no pueden seguir siendo pisoteadas por habladores de
pendejadas, que escasamente aprendieron a cambiar de ropa interior. La
mayoría de los venezolanos está exigiendo, no rogando, el cambio de sistema
político. Apuestan a la salida electoral. Esgrimen con razón, condiciones
mínimas para avanzar en las elecciones presidenciales. No se puede seguir en
manos de inexpertos y ambiciosos desmedidos, que a través de las redes
sociales intentan manipular la percepción de las personas. Los acuerdos
políticos son fundamentales entre factores de la alternativa democrática, para ir

con propuesta unitaria a consolidar el objetivo de restablecer el sistema de
libertades en suelo venezolano. La crisis general impuesta por el régimen,
arrecia. Los débiles llevan la peor carga y sufrimiento de esa brutalidad. La
legitimidad de la AN, y sus decisiones, es el bastión para indicar ruta y
deshacer laboratorios auspiciados por inescrupulosos en contra del sistema de
libertades, creyendo que la sociedad venezolana padece alzhéimer.

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