En defensa de nuestro derecho a la educación

En conversaciones con algunos compañeros estudiantes de Derecho a distancia; me informan con malestar que la plataforma web no está en funcionamiento. Me dicen que la planta eléctrica no tiene gasoil. Dicho ejemplo sirve para ilustrar que resulta inviable gestionar nuestra educación universitaria desde casa; bajo las actuales condiciones de “normalidad” sin luz por 12 o más horas diarias, en el estado Mérida.

Entiendo que los funcionarios públicos se deben al patrono estatal, pero recuerden que proceden de las diferentes universidades públicas venezolanas. Así que colóquense a la orden de los intereses de las mismas.

Todos tenemos mucho que aportar.

Ahora si vamos a ponernos serios. Todo lo que sigue a continuación es obra de un estudiante doctorado en la UBV. Se llama Jaime. Aunque por cuestiones de seguridad lo llamare Mateo. Por favor. No se lo digan a nadie. Su anhelo es que esto sirva de electricidad, para despertar las conciencias.

Ya que estamos en pleno proceso de alejamiento de la realidad. Qué tal si nos ponemos de acuerdo para fingir, que se acerca un proceso electoral interno en la Universidad de Los Andes. Quizás, así retomemos la defensa de la institución democrática y bicentenaria que nos cobija. Así sea, por intereses particulares y mezquinos de cada uno, de lo que hacemos vida en dicha institución.

Se trata de que seamos capaces de generar alternativas, en medio de la actual situación.

A las autoridades universitarias. Despierten. Avíspense. No estamos vencidos. Posiblemente nos encontramos en la lona. Con el réferi en plena cuenta regresiva.
Aún estamos a tiempo. Pronúnciense.
Digan algo. Fijen posición. En fin… Justifiquen el sueldo… Para alguna cosa fueron electos.

A los estudiantes que nos encontramos deseosos de continuar con nuestras respectivas carreras. Sin importar si en un futuro, permaneceremos o no en Mérida para ejercer. Serviremos al país.

Vamos presionar para que no perdamos el año académico. Se de estudiantes, cuyas familias con mucho esfuerzo, pagan 20 dólares mensuales de alquiler. No permitan que sean tirados a la basura. Sus familias invierten en su educación. Valoren eso.

A los bachilleres, profesores, empleados, trabajadores que tuvimos la oportunidad de conocer y cruzar palabras en los pasillos, aulas, oficinas, cubículos, cafetines, comedores y diferentes espacios de nuestra ULA.

A la ciudadanía en general que tienen hijos, hermanos, tíos, sobrinos, en fin algún familiar. Novio, pareja, amante. Sin duda relacionado con la universidad.

¿Cuántas familias dependen del ingreso percibido como sueldo de la ULA?

A los que alguna vez pasaron por las instalaciones de la ULA; repartidas por toda la ciudad, cuyas familias se benefician indirectamente de la misma. Mediante la prestación de servicios, alquileres, comercios de todo tipo. Desde heladerías hasta motelitos.

¿Qué estamos esperando?

¿Qué paso con la rebeldía?

Levantemos la cabeza. No me digan que los rebeldes se fueron del país. Sé que a muchos los persiguieron y debieron marcharse. Pero ahora, es que hay. Conozco varios. Solo que andamos ocupados en las redes sociales, compartiendo memes y toda clase de imbecilidades. Dejemos de lado la modorra.

Manifestemos nuestro malestar abiertamente y seamos portavoces de la indignación ante las amistades, vecinos, círculo social en general… Sindicatos, gremios, compañeros de clases, profesores, directores de escuelas, decanos, rector, ministro, alcalde, gobernador, legisladores, diputados, consejos legislativos y presidentes de las 777 asambleas.

Generemos una ola…

Vivir dignamente en este país. Es vivir exhibiendo la voluntad de combate con respeto. Expresando deseos de renovación. Siendo leales a nuestros principios democráticos. De la calidad de la educación dependerá nuestro futuro y el de las generaciones venideras.

Estamos frente a gobernantes que no tienen límites en su prepotencia. Vivimos días difíciles, pero no insuperables, compañeros.

Vamos a dar la cara. Vamos a decirlo alto y claro. Queremos de vuelta nuestra dignidad universitaria.

Aportemos nuestra voluntad y conocimiento, en la necesidad que nos obliga a participar en la construcción del escenario que haga posible, la pronta apertura de nuestra ULA. No dejemos que nos arrebaten el derecho a la educación. Si nos organizamos podemos retomar actividades, en el mes de junio. No es agosto como pretenden desde el Ministerio Educación Superior (Universitaria, Ciencia y Tecnología). Solo de esa forma no perderemos el año académico. Definitivamente será muy tarde para agosto.

Los venezolanos despreciamos la importancia de nuestras instituciones. Solo valoramos aquellas que poseen la capacidad de aplicar algún tipo de sanción sobre nosotros.

Es necesario que nos detengamos a pensar en lo que generan las universidades para el país, en todos los ámbitos que podamos imaginar.

Pablo Sánchez.

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