Sobrevivir al Chavismo, el reto de la nueva izquierda

Una vez le pregunté con cierta malicia a un joven adeco dónde ubicaba a su partido en el espectro político y él me dijo un tanto nervioso, somos un partido de centro-derecha. Admitir que se es socialista en nuestros días, indiferentemente del país en cuestión, es una sentencia de muerte pública. Toda la sociedad se coordina para atacar al hereje, están admitidas todas las tendencias, pero el socialismo es pecado. Más que las experiencias totalitarias y catastróficas de algunos modelos en el siglo XX, se utiliza la situación venezolana como recurso para desacreditar a todo candidato o partido que así se defina. Actualmente las circunstancias sociales del mundo ameritan la aparición de movimientos que busquen una mayor distribución de la riqueza, oportunidades y derechos sociales, con motivo de la crisis del neoliberalismo manifiesta en procesos como el de los chalecos amarillos o la primavera chilena. Todo esto es similar al momento donde tomó forma la idea socialista moderna, en el siglo XIX para defender los intereses de la clase proletaria.


Es una necesidad, pero sus promotores se encuentran con el gran obstáculo chavista, que se ha convertido en el cáncer de la izquierda mundial. Esto no quiere decir que es primera vez que se utilizan los fracasos socialistas en un país para desacreditar a candidatos, pero si es la primera vez que la izquierda está desarmada para responder a los argumentos contrarios. Cuando, por ejemplo, se decía que convertirían el país en Cuba, viejo arquetipo de santo y satanás, los tribunos rojos podían defenderse en los éxitos del gobierno cubano en materia de salud o educación. Pero el régimen de Maduro ha fracasado en todo, no es posible defenderse. Se plantea entonces un reto para los progresistas en los años venideros, sobrevivir al chavismo.


No es de extrañar que los candidatos de esta tendencia que han alcanzado el poder recientemente, han decidido marcar distancia de la experiencia venezolana. Sin presionar ni emitir condenas sobre el país caribeño y su menos popular mandatario, como viejos socios ideológicos, proponen siempre la negociación pero no quieren que en casa se hable de Venezuela. Hasta Pablo Iglesias, quién por el 2014 gustaba de insultar a la casta y admirar la imagen del Comandante Chávez, hoy prefiere no nadar en aguas profundas, tranquilo con su cartera de vicepresidente segundo.


Los ejemplos antes mencionados son de carácter internacional, donde puedo asegurar que al socialismo le costará menos recuperarse. La cruz la lleva la izquierda venezolana, no solo los que participaron en los veinte años de revolución bolivariana, también la oposición socialdemócrata a quién sus enemigos internos no dudan en descalificar, Voluntad Popular incluso rompió disimuladamente su carnet de miembro de la Internacional Socialista por miedo a lo que se puede decir. Venezuela, una guerra entre socialistas y socialistas, donde graciosamente perdieron los socialistas aquí y en el mundo.


He ahí el problema, seguidamente mi propuesta de solución. Resulta imprescindible cambiar tres factores, aquellos que Mao Zedong llamó los tres viejos, viejos hombres, viejas estrategias y viejas doctrinas.


Los principales líderes del puño y la rosa sufren un desgaste natural y político, con un discurso agotado. Estoy seguro de que en las bases se encuentran jóvenes emocionados por tomar el mando, para gritar las consignas con energía, la última tarea de la vieja guardia será preparar el examen final para los muchachos, un examen que asegure que entienden donde están y lo que defienden.


El gran error en el pasado fue tener una estrategia que únicamente elaboraba el partido, se ha demostrado que si se piensa en realizar un programa nacional es necesario contar con todos los sectores de la vida del país, sindicatos, estudiantes, organizaciones no gubernamentales entre otros. Se debe acabar con la dictadura de la dirección central del partido, darle peso a las regionales, municipales y parroquiales, para lograr la democracia en el país se debe lograr primero en el partido. Hay que concebir la posibilidad de incluir en las listas electorales a independientes, líderes vecinales y emprendedores, una estrategia de amplia base ciudadana y popular diferente de la partidocracia.


Socialismo si, hay que defenderlo, pero también hay que pensarlo de nuevo. En 1971 Teodoro Petkoff cuestionó la política que hasta entonces venía desarrollando el PCV. Interpretando las circunstancias históricas, para elaborar así una tesis que derivó en una opción política de izquierda moderna que fue la más exitosa y notoria del periodo democrático. Hoy es necesario repensar el socialismo, abandonar viejos símbolos que resultan poco atractivos, amén de la imagen de Chávez y el color rojo, plantear una propuesta moderada, popular y dialogante pero con valor social en los temas modernos, ecologismo, feminismo, derechos LGBT, el mantra de la familia progresista mundial. Será un trabajo que tomará tiempo, costará liderazgos, pero que permitirá consolidar una alternativa democrática de centroizquierda, posibilitando triunfos electorales después del fin de la pesadilla chavista.

Ezequiel Paz.

@ZequielDavid

Estudiante de Ciencias Políticas y Activista Social.
Marcar el enlace permanente.