¡Ven Espíritu Santo! Devuélveme la sonrisa…

Ante la crisis antropológica, teológica y espiritual que se vive en “Venezuela”, existen muchas personas que han perdido la “esperanza” y la “fe” en nuestro “Señor”. Esto, debido a que los problemas externos son mayores al dominio del control interno, cayendo muchos en desgracias con patologías depresivas y esquizoides. Resultando en situación de pobreza mental y espiritual, obteniendo como resultado la pérdida de la sonrisa.

¡Es tiempo de mirar atrás! detenerse, evaluar la situación y comenzar a sanar las emociones, para salvar las almas perdidas y transformar la sociedad.

Es necesario orar con el “Espíritu Santo”, purificar el templo del mismo (cuerpo). Para que el neuma esté en paz con el “Ser”, y seamos un todo, para alabar a “Dios Todopoderoso”, así salir de los problemas de control externo. Les recomiendo elevar al “Espíritu Santo”, este mes, las oraciones para lograr los objetivos y recobrar la sonrisa. Te dejo todo este repertorio y repítelo todos los días.

¡Hay aspectos de mi vida que no están sanados! Hay pares de mi ser que no están bien. Hay sectores de mi existencia donde no te he dejado entrar. Por eso mis alegrías tienen manchas. Por eso siempre están dando vueltas las sombras de la tristeza y de la confusión.

Hoy quisiera mostrarte todo, sin pretender ocultarte nada. Quisiera que dialogáramos, sobre las sombras que llevo dentro. Porque quiero descubrir ante tu mirada, mis más profundas rebeldías, esas cosas que no acepto de la vida. Quiero sacar afuera, con total sinceridad, esos reclamos y protestas que no me atrevo a expresar, pero que siempre merodean en mi interior revuelto.

Apaga mis enojos, aplaca mis quejas más escondidas, serena todo ese mundo inquieto que llevo dentro, cura todo rencor, todo mal recuerdo, toda desilusión. Nada de todo eso vale la pena. ¡Todo esto hace interferencias en el camino de la felicidad!

¡A veces nuestra vida está tan sumergida en la mediocridad, el egoísmo y la comodidad, que sólo un terremoto podría despertarnos y cambiarnos! 

Es decir, si no aceptamos la vida nueva y nos aferramos a seguridades de este mundo, llegará un momento en que esas seguridades van a caer destruidas.

La “Palabra de Dios” en realidad quiere consolarnos, porque nos dice que eso no será nuestra ruina, sino nuestra liberación. Porque cuando se caigan todas esas seguridades podremos estar desprendidos de todo, y aceptaremos su invitación a vivir de la manera correcta.

Habrá un tiempo de angustia, como nunca ha sucedido desde que surgieron las naciones; ese día será salvado mi neuma. Cuando comiencen a suceder estas cosas, levanten la cabeza, porque se acerca la liberación. ¡Dejemos que suceda un terremoto en nuestras vidas, para que pueda abrir nuestras puertas y romper nuestras cadenas!

Cuando alguien está sereno y pacificado por dentro, es capaz de percibir la armonía que hay en el universo; pero si está inquieto y perturbado, todo lo que ve y escucha le parece fuera de lugar. ¡La persona que no está pacificada por dentro se siente molesta por esos sonidos! Quisiera un silencio absoluto, o desearía oír sólo algunos de esos sonidos, y no otros. Quiere que el mundo se adapte a sus pretensiones y no encuentra calma.

Por eso, tenemos que descubrir que lo más importante no es que el mundo cambie, sino que cambiemos cada uno de nosotros. Debemos reflexionar, orar, meditar para que armonicen nuestro interior, para que así podamos estar en armonía con la vida, obtener la liberación y transformar nuestro Ser.

Somos débiles y llevamos dentro muchas inclinaciones que nos arrastran a la mentira, al egoísmo; a buscar sólo el placer y la comodidad de nuestra zona de control; a procurar nuestro propio bien aunque eso pueda perjudicar a otros; a encerrarnos en nuestras necesidades egoístas. ¡Y nosotros, no podemos dominar esos instintos si no nos dejamos sostener y fortalecer la fe en Dios!

Pero muchas veces nos engañamos. Creemos que nos dominamos a nosotros mismos, porque dominamos el ansia de comer, o porque no engañamos al cónyuge; pero quizá no sabemos dominar otras cosas: la vanidad, la tristeza o el egoísmo por ejemplo. Cada uno tiene sus propias debilidades, y lo peor que nos puede pasar es que las ocultemos para engañarnos y engañar a los demás, porque de ese modo no podremos crecer.

No dejemos que nuestras inclinaciones más egoístas nos dominen y nos enfermen. Mejor entreguemos el dominio de esas inclinaciones, y elijamos lo que el “Espíritu Santo” nos propone.

Solamente siendo conscientes, que todo nuestro mundo exterior, es realmente parte de nosotros (nuestra sombra), es cuando aceptamos que lo que vemos en el exterior que nos molesta, es nuestra propia proyección de lo que no admitimos en nosotros mismos, entonces podremos desvanecer el sueño y ver con claridad el poder que heredamos y lo que somos realmente.

Aquellos que no aprenden nada de los hechos desagradables de sus vidas, compelen a las fuerzas cósmicas a que los reproduzcan, tantas veces como sea necesario, para aprender el drama de lo sucedido. ¡Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma! Elijo creer que lo que quiero es posible, aun cuando no tengo claro cómo ocurrirá.

Lo que marca la diferencia entre desear y materializar, no es otra cosa que la Fe. La Fe es simplemente la certeza de que algo ocurrirá, sin que las dudas nos invadan, incluso cuando no tengamos en lo absoluto, un panorama claro de cómo se darán las cosas.

Partiendo de que todo lo que nos ocurre son milagros, y lo mejor  de todo, generados por nosotros mismos. Considero que tenemos la inteligencia divina que ha creado el universo tal y como lo conocemos y poseemos la capacidad de crear nuestra realidad y con ello, de hacer milagros constantemente.

¡Los años me han ido quitando la alegría interior! El gusto de encontrarme con la gente, el entusiasmo ante las cosas nuevas.

Necesito que vuelva a brotar espontáneamente la sonrisa. Esa sonrisa sincera, no fingida, que expresa el gusto de vivir y de convivir. Esa sonrisa que manifiesta la esperanza interior, verdadera, real.

Ven “Espíritu Santo”, para que vuelva a nacer mi sonrisa. Esa sonrisa de los que creen en la vida y en el amor. La sonrisa de los que se dejan querer por “Dios”, porque saben que ese amor es sano, es bueno, es auténtico y feliz; porque saben que ese amor nunca nos falta, nunca nos abandona.  En este preciso momento aplaca mi negatividad, sana mi tristeza, ayúdame a relativizar todo lo que me inquieta. Muéstrame que la vida vale la pena, que es posible comenzar algo bello. Para que en este preciso momento, pueda regalarte una sonrisa.

En definitiva hay personas y situaciones especiales que cambian tus días, que te demuestran su amor en cada acción, en cada palabra y en cada mensaje. Abrázalas, aprécialas, cuídalas pero sobre todo ámalas porque son un regalo de “Dios” y estas pueden devolverte la sonrisa.

Gervis Medina 

Escritor venezolano

Marcar el enlace permanente.