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BREVE HISTORIA DE LA DESTRUCCIÓN DE PDVSA Y EL SALARIO MÍNIMO

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Para tratar de entender las medias verdades o grandes mentiras con las que se pretende evadir la responsabilidad que tiene el Estado venezolano en materia de bienestar salarial y seguridad social de los trabajadores, conviene revisar algunas cifras tomadas de fuentes oficiales como la OPEP, PDVSA, el Ejecutivo Nacional, y especializadas como el CENDAS, que permitan hacer un contraste tomando variables como producción petrolera, ingreso en millones de dólares y salario mínimo. Todo esto a propósito de las escuetas intervenciones de los tristemente célebres funcionarios que en el campo de la economía se han especializado en materia de corrupción, despilfarro y administración de la miseria.

Comencemos por decir que en el año 2000 la producción petrolera venezolana alcanzaba los 3.167.000 barriles por día.  Dos años después, con todo y el paro petrolero de 2002, la producción no bajó de los 2.335.000 barriles por día. Y entre el año 2003 y el 2016 la producción se mantuvo cerca de los 2.500.000 barriles por día; algunas veces unos miles por encima, otras unos miles por debajo.

En el año 2017, la profundización del proceso de destrucción de Pdvsa a manos de dirigentes políticos y militares inexpertos, incidió en que la producción cayera a 1.486.000 barriles por día. Y en el 2019, cuando efectivamente los EE. UU. aplicó sanciones directas a Pdvsa, la producción bajó a 878.000 barriles por día. Es decir, sin sanciones entre los años 2000 y 2017 la producción petrolera se redujo en 1.681.000 barriles por día, y con sanciones, entre el 2019 y finales de 2022, donde Pdvsa (nuevamente azul) dice estar produciendo 710.000 barriles diarios, la reducción fue de 776.000 barriles. De forma que no hay que ser experto en economía petrolera para comprender que sin sanciones nuestro país perdió algo más del 50% de la capacidad para producir petróleo.

Partiendo de esto, sin querer especular en demasía, digamos que el levantamiento de las sanciones a Pdvsa podría hacer posible que, a corto plazo se pudiera igualar los 1.486.000 barriles de producción diaria, tal como en 2017, cuando no existía ninguna sanción directa o indirecta a nuestra estatal petrolera. Dicho de otra manera, desapareciendo las sanciones, para el gobierno venezolano debería ser un punto de honor al menos duplicar la producción petrolera actual -tomando como cierta la cifra de 710.000 barriles diarios-, logrando con esto llevar los ingresos a cerca de 3.000.000.000 de dólares mensuales.

Entremos entonces en materia salarial. Según declaraciones de «expertos» económicos del chavismo, para pagar un salario mínimo de 300 dólares, el gobierno de Venezuela necesitaría ingresos mensuales de 3.000.000.000 de dólares, y anuales de 36.000.000.000 de dólares. Lo que quiere decir que de lograr producir cerca de 1.500.000 barriles por día, tomando como referencia el precio actual del crudo venezolano en 66,94 dólares, los ingresos mensuales se podrían estimar en unos 2.984.000.000 de dólares. Lo que en teoría se traduce como dinero suficiente para subir los salarios.

No obstante, desde el año 2003, cuando comenzó la progresiva caída de la producción petrolera por debajo de los 2.700.000 barriles diarios, el pico más alto del salario mínimo mensual en Venezuela fue de 382,89 dólares al cambio real (paralelo), en mayo del año 2008, a pesar de tener ingresos mensuales producto de la renta petrolera, superiores a los 6.500.000.000 de dólares. Luego de ese punto, se mantuvo por debajo de los 300 pero por encima de los 100 dólares hasta septiembre de 2013 cuando comenzó a descender desde los 91 dólares hasta los 6,5 dólares de remuneración mensual en la actualidad. Cabe destacar que el ingreso petrolero venezolano de 2008 era de unos 6.521.773.000 de dólares al mes, es decir, el doble de lo que según «expertos» económicos del chavismo se necesita para pagar un salario mínimo de 300 dólares mensuales. Con todo y eso, el ingreso mínimo mensual entre 2003 y 2013 nunca superó los 382 dólares.

Volvamos al tema petrolero. En el año 2017 el ingreso mensual de Venezuela por concepto de producción de petróleo era de 2.080.102.880 de dólares, y el salario mínimo pasó, solo en ese año, de 39 a 4,70 dólares mensuales, aun cuando, tomando como referencia las proyecciones actuales de “expertos” económicos del chavismo, el Estado contaba con suficiente dinero para mantener el salario por el orden de los 170 o 180 dólares mensuales.

Todo lo anterior sin contar los ingresos sumados por concepto de recaudación de impuestos, así como por la producción de las empresas básicas, o de empresas estatizadas como Cantv, Lácteos Los Andes, Agroisleña, entre otras 900 más.

Es decir, si el Estado venezolano lograse el levantamiento de sanciones y con esto comienza a recibir más dólares, en un marco institucional no democrático como el actual, simplemente tendremos un gobierno con más dinero y más corrupto, pero con un país con más pobreza, en el que no habrá ningún cambio sostenido hacia la estabilidad de los trabajadores, en los términos de recibir una remuneración mínima de, digamos 400 dólares mensuales, y por supuesto, entre cuatro y cinco veces más esa cantidad para los profesionales de carrera, docentes, personal de salud, servicios públicos, registros, seguridad, y de la Administración Pública en general, entre otros.

De lo que se puede concluir que Venezuela, más que del levantamiento de sanciones, requiere de la recuperación de un marco de desarrollo democrático basado en el funcionamiento de instituciones independientes, que permitan velar por el buen desempeño de las entidades que producen los ingresos para el sostenimiento del Estado, llámense empresas públicas o fisco nacional, y por supuesto, que auspicien el regreso de nuestra nación a la legalidad internacional, permitiendo el ingreso al país de inversión extranjera y entendimiento favorable al país con los órganos económicos multilaterales.

Ante medias verdades o grandes mentiras, no perdamos de vista las lecciones que podemos encontrar en los datos de nuestra historia económica y salarial reciente. Que la memoria no nos haga vulnerables ante quienes en el presente y el futuro harán todo lo posible por dejarnos sin país, sin esperanza y sin bienestar.

Héctor Azuaje Mendoza

Historiador

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