La radio como un lugar no perecedero

 La radio como un lugar no perecedero

Hoy en día mencionar la radio es un tema de charla poco frecuente que ningún locutor, periodista o aficionado a las radios grandes y antiguas puede negar. Es imposible producir, ejecutar o siquiera planificar radio sin acompañarla inevitablemente por las redes sociales, las cuales son la nueva “radio y televisión” del siglo.

Hoy en día no tenemos que esperar toda la mañana para escuchar la canción de moda que nos gusta tanto (que a lo sumo se repetirá cuatro o cinco veces). Tenemos Spotify, iTunes, Youtube, SoundCloud, entre muchos otros más que nos ofrecen el ritmo que queramos para repetirlo cuantas veces queramos.

No tenemos que limitarnos a las pocas o demasiadas noticias que se dan de Última Hora o en programas preestablecidos. Tenemos aplicaciones que ocupan todos los periódicos o páginas informativas que necesitemos, con noticias locales o internacionales. Podemos conocer que incendio ocurrió en que calle o que presidente fue reelegido con tan sólo filtrar la búsqueda o dejarla a los más recientes sucesos. Cualquier noticia a cualquier hora.

Finalmente, y aún más resaltante, no existe ya ese alguien dándonos una charla interminable para conocer algún tema inexplorado y genuino. Para nuestros tiempos, todos los temas son resaltantes, todos los temas son vastos y todos, absolutamente todos, tienen muchísimas referencias y explicaciones.

Por lo tanto, viviendo en una sociedad abastecida de tecnología que roza la autosuficiencia, cuya mayor virtud es adaptarse a nuestro tiempo y disposición ¿qué hace la radio un lugar no perecedero en nuestra época y por qué hay tanta gente reconocida y por reconocer que sigue consumiendo sus frutos y sembrando sus raíces?

El primer punto para empezar es resaltar, como mencioné antes, que la radio acompaña sus cimientos en la base de toda comunicación hoy día: las redes sociales. Por muy extraño que parezca las redes sociales tienen exactamente la misma función que tiene y busca la radio como cualquier canal comunicativo, que es precisamente eso, comunicar, hacer llegar a una masa indefinida de personas una idea concreta y mantener su atención por ésta. Asimismo, la radio mantiene la exclusividad de darse a conocer meramente por la audición. Lo cual le da la libertad que característicamente la radio puede expresar: la formidable idea de entretener sin tener la vista fija. Y así como bien mencioné que las redes sociales pueden saciar esta necesidad auditiva, el contraataque de la radio reside en que ésta no se basa únicamente en música o únicamente en deportes, puede tener una amplia combinación de todo, con un panorama mucho más entendido en el aspecto global.

El segundo punto es comprender el aspecto colectivo que abarca la radio. Para recomendar una canción, por ejemplo, es necesario mandar el link por Whatsapp y esperar a que la otra persona lo abra y opine al respecto. La radio es diferente, ella nos condiciona a escuchar el ahora y correr para que tus amigos (o esa persona que quieres que escuche) sintonicen esa emisora y puedan escuchar lo que te está deleitando los oídos. Este, irónicamente, es otro punto fuerte. Nos condiciona, sí, pero también une el sentimiento que te transmite hasta tu amigo. Tanto tú como él están sintiendo, escuchando y compartiendo un mismo momento a tiempo real que termina en el mismo segundo estés donde estés. Esta sensación de colectividad, la provee especialmente la radio.

El tercer punto es la comodidad que el espacio radial ofrece a sus presentadores. A pesar de que en la actualidad muchos programas radiofónicos son grabados y subidos a otras plataformas digitales, el espacio íntimo que se crea en la cabina de grabación no se da en otro lugar. Este sentimiento de privacidad compartida, donde se encuentran sólo tú y un pequeño número de acompañantes en la sala para dirigir a un público tus ideas, noticias, música… es absolutamente invaluable para cualquiera que aprecie la comodidad de mantenerse en una propia sala de trabajo.

Y sí, perfectamente se puede decir que hay muchísimas plataformas que pueden asimilarse a esta, como los canales de YouTube que hacen reseñas, por ejemplo. Ellos también cuentan con un espacio autónomo y una muy útil exclusividad al momento de grabar. Sin embargo, y como cuarto punto, cabe resaltar que la radio se da meramente al aire. Al aire, en vivo, lo cual significa que un solo error o una sola palabra mal pronunciada pueden significar la valoración que le de el oyente a su locutor. Esto le da una importancia y responsabilidad a nuestro “transmisor de ideas” de prepararse tanto a sí mismo como a lo que quiera proyectar. Dando una idea más clara, concisa y sobre todo organizada para que el espectador pueda obtener una mejor calidad de contenido y una mejor perspectiva de aquel que le está hablando a través de la cabina. Esto combinado al confort ya destacado le da a la radio una experiencia como ninguna otra.

Finalizando y como quinto punto, lo que me convence a decir que la radio no está muriendo por alguna de sus formas, es la cantidad tan abrumadora de opciones que tenemos para elegir cosas. Hay tantas aplicaciones, tanta música, tantos ideales por compartir que en muchas ocasiones se nos puede hacer inacabable esta búsqueda de algo bueno o interesante para ver o escuchar. Y aunque sí, es bueno tener control sobre lo que queremos atender, es bueno también relajarse un poco y dejar que esa emisora decida por nosotros que canción en tendencia queremos oír. En determinadas ocasiones, el tener algo ya predeterminado, espontáneo y desconocido para entretenerse es la mejor opción a la hora de calmar las neuronas de tanto avance tecnológico.

Y a pesar de que la radio no sea una vía del todo moderna para expresarnos, la mayor razón por la que tanta gente se mantiene conectada, sea como receptor o como transmisor (así como en cualquier otro medio) es la necesidad inmortal que tenemos de escuchar a otros y primeramente, ser escuchados.

Redactado por Liz Santiago.

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